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Frases de Alexander Alekhine

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Frases de Alexander Alekhine

Alexander Alekhine – Frases Célebres

Esta es una selección de frases del Gran Maestro Alexander Alekhine (Ex Campeón Mundial).

El ajedrez es vanidad.

La apertura de la posición en el centro terminará siempre por favorecer al bando que tenga superioridad de espacio.

Concibo el ajedrez como arte y no como juego.

El ajedrez te enseña ante todo a ser objetivo.

Aunque entonces tenía yo solamente 15 años y no podía juzgar mi verdadera fuerza, o, mejor decir, debilidad, me resultaba bien claro que no debía envanecerme demasiado por ese éxito, ya que mi adversario —un señor anciano y muy simpático— carecía de toda ambición de lucha y, lo que era peor, de verdadera clase de ajedrecista.

No sé cómo podré ganarle 6 partidas a Capablanca, pero tampoco sé cómo podrá ganármelas él a mí.

El ajedrecista debe ante todo tener presente sus propias cualidades, tanto positivas como negativas.

Alguna vez los hombres tuvieron que ser semidioses; si no, no habrían inventado el ajedrez.

El método para ganar consiste en ir alternando el avance del peón pasado con amenazas contra el rey negro. Primero, las blancas deben dominar la importante diagonal a1-h8. (Análisis de la partida 29 por el título mundial contra Capablanca)

Frases Célebres de Alexander Alekhine

Habiendo emprendido desde hace ya varios meses una gira ajedrecística por América del Sur y habiendo encontrado en esta ocasión los mejores jugadores de casi todos los países en plena actividad, puedo afirmar que el ajedrez brasileño ocupa en ellos uno de los primeros puestos.

Nunca antes hubo, ni volverá a existir, un genio igual. (Refiriéndose a Capablanca, con motivo de su muerte)

Soy Alekhine, campeón mundial de ajedrez. Tengo un gato llamado “Ajedrez”. No necesito pasaporte. (Al pedirle la documentación en la frontera polaca en uno de sus viajes)

El objetivo del juego no es la victoria, sino el arte.

No juego al ajedrez, lucho en ajedrez. Por consiguiente, trato de combinar la táctica con la estrategia, lo fantástico con lo científico, lo combinativo con lo posicional, y trato de responder a las demandas de cada posición específica.

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El pretexto de la falta de tiempo no es justificación. La incapacidad del maestro experimentado para atenerse al tiempo es un defecto como incurrir en un error.

Por medio del ajedrez desarrollé mi carácter. El ajedrez nos enseña, en primer lugar, a ser objetivos. En ajedrez uno solo puede llegar a ser gran maestro si es capaz de reconocer sus errores. Es exactamente como en la vida.

Alexander Alekhine – Frases

Cuando juego al ajedrez, dentro de mí se libra una extraña batalla entre la fantasía por un lado y el razonamiento sensato por el otro. El exceso de imaginación o de pensamiento racional pueden ser igualmente peligrosos. Esas dos fuerzas tiran hacia lados opuestos y, sin embargo, hay que mantenerlas en armonía. Es lo que intento hacer cuando puedo. No obstante, en mi caso predomina la fantasía. Actúa dentro de mí con mayor intensidad. Tendré que domarla como sea.

El ajedrez no es para mí un juego sino un arte. Sí, considero que es un arte y me hago cargo de todas las obligaciones que eso implica. Todo ajedrecista destacado y con talento no es que tenga el derecho sino que tiene la obligación de considerarse artista.

Durante toda mi vida, y especialmente después de ganar el título de campeón, decían que era enemigo de los soviéticos. Eso me dolía profundamente y me impedía el contacto con el país en el que había nacido y al que nunca he dejado de querer.

El éxito que tuve en el duelo contra Capablanca se debe, ante todo, a mi superioridad psicológica. Capablanca jugaba confiando casi exclusivamente en su extraordinario talento intuitivo. En general, hay que conocer bien al adversario antes de empezar a jugar. Así, la partida se convierte en el medidor del individualismo y del amor propio, que juega un papel enorme en el resultado del juego.

Frases de Alexander Alekhine

El rasgo que determina, junto con otros, la potencia ajedrecística, es la inquebrantable atención sobre lo que ocurre en el tablero.

En los torneos importantes no hay que temer a la pérdida de una partida, sino al decaimiento del ánimo que ello puede ocasionar.

Estudio ajedrez ocho horas al día, por principio.

Una idea desesperada en una situación desesperada.

Desde niño sentí dentro de mí este talento y ya entonces sentí esta profunda y urgente pasión por el juego.

Lo que me hizo convertirme en gran maestro fue, primero, la búsqueda de la verdad y segundo, la necesidad de luchar.

Una lucha llevada a cabo por ambos bandos, con grandes deseos de victoria, por lo que ofreció en su desarrollo grandes dificultades y no pocos errores. Esta fue la primera partida desde el año 1934 que conseguí ganar a Bogolyubov, conduciendo yo las negras.

La organización de este torneo (Buenos Aires 1939), único en cuanto a sus proporciones en la historia ajedrecística, demuestra también que el gran sentido cultural de nuestro juego, que asocia tan felizmente los elementos del deporte y de las artes, es en la hora actual reconocido sin discusión por el mundo entero.

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